¿A quién ves cuando te miras al espejo?

Hace unas semanas, teniendo una conversación con una muy buena amiga, no recuerdo bien cómo nuestra conversación se tornó al tema de la belleza. Seguramente he de haber hecho algún comentario diciendo que yo no me consideraba bonita y su respuesta fue "¿qué no te has visto en el espejo?" Te puedo decir que en ese momento tuve una revelación. La respuesta a su pregunta, me llegó en un instante en forma de recuerdos, imágenes, voces y comentarios. Y justo esa respuesta es la que hoy comparto contigo.


Durante muchos, muchísimos años me consideré una niña, una adolescente y una adulta fea. Y cómo no pensarlo y creerlo si desde siempre escuché: "fuiste un bebé muy fea", "cuando naciste el pediatra dijo: - cuando crezca seguramente habrá muy buenos cirujanos plásticos -", entre muchas otras afirmaciones por el estilo. Estas críticas en forma de broma es lo que escuché durante años en muchas reuniones familiares. Tanto, que lógicamente como niña me lo terminé creyendo.


Por otro lado, los estándares de belleza - que poco a poco han ido cambiando -siempre se han identificado con mujeres delgadas, blancas, con ojos claros y rubias. Y bueno, no fui delgada - porque mi complexión no es delgada - y no soy blanca y no soy rubia. Y si a mi historia le sumas que dos de mis primas siempre fueron catalogadas como las bonitas porque claro son blancas y rubias pues no te cuento más de la inseguridad con respecto a mi imagen con la que crecí. Sí, crecí sintiéndome fea. Incluso uno de mis más grandes complejos fue el ser cachetona, porque además de no ser flaca, blanca, rubia, ni tener los ojos azules, pues salí cachetona. Si has visto películas o series en las que hay un niño o niña con cachetes grandes que al llegar a una reunión todas las tías lo o la saludan apretándole los cachetes o hacen el típico comentario "¡ay!, que cachetes más lindos", bueno, esa fui yo. El complejo fue tan grande, que sí estuve a punto de someterme a una cirugía plástica para quitármelos. Nadie nunca me hizo sentir bonita y eso creó una inseguridad tremenda en mi, haciéndome sentir menos y de cierta forma me achiqué un poco, lo que dio por resultado una autoestima muy baja.


Y ya entrados en este tema de belleza, toca también hablar de mi relación con mi cuerpo. Siempre lo escondí. Siempre me sentí gorda. Siempre todas las mujeres a mi alrededor hablaban del peso o estaban a dieta. Siempre me avergoncé de mis piernas porque eran "gordas". Y además siempre escuchaba estos comentarios: "nadie te puede ver las piernas", "no puedes enseñar las piernas", y claro, sin ninguna explicación, mi conclusión como niña fue, mis piernas son feas, por eso nadie las puede ver y es porque son gordas. Y qué decir de mi boca, tan grande, mejor a esconderla. Y la nariz, no es respingada ni delgada como las "narices bonitas" deben de ser. Y bueno, las cejas tupidas. Y así podría seguir, ya que siempre encontraba un defecto a cualquier parte de mi cuerpo. Y la verdad

durante años me dejé de ver. Durante años pensé: si fuera tan delgada como "X", si fuera tan guapa como "Y", si tan solo tuviera el cuerpo como "Z", entonces fulanito me vería, entonces seguramente fulanito me querría, entonces fulanito me tomaría en cuenta. Y puedo decir que así viví muchos años y eso simplemente me hizo una mujer insegura. Decidí, de alguna manera vivir en la sombra. Por esa inseguridad, no me atreví a hacer muchas cosas y creo que dejé pasar muchas experiencias porque según yo no tenia el cuerpo adecuado, la belleza, la altura, el pelo, la cara, etc. Pero el tiempo pasa y los años pasan y con mucho valor decides trabajar en ti y vas reconociendo y trabajando tus heridas del pasado y poco a poco, con mucha paciencia y con mucho amor las vas sanando.


No sé exactamente en qué momento mi percepción hacia mi, hacia mi imagen y hacia mi cuerpo cambió. Me liberé de todas las creencias que me hicieron sentirme fea. No voy a mentirte y decirte que hoy me siento la mujer más hermosa del mundo, pero hoy sí acepto y amo mi cuerpo. Hoy me siento a gusto con mi cuerpo, con mi imagen, con quien soy y todo lo que represento.


Supongo que mi gran comienzo fue cuando tomé una de las decisiones mas grandes de mi vida. Me empoderé y me di cuenta de quien soy. Y este empoderamiento me cambió. Bajé de peso - incluso más de lo necesario, pero creo que eso es parte de la experiencia y del aprender -, y me di cuenta que mi cuerpo con todas sus imperfecciones es hermoso. Me di cuenta que podia gustarle a muchas personas e incluso muchas mujeres me tenían celos por mi apariencia. Empece a usar bikini con mucha más seguridad, me puse minifaldas y vestidos cortos sin avergonzarme. Empece a usar cosas más ceñidas, leggins, pantalones skinny. Me pinté los labios de rojo. Y por primera vez me sentí guapa y segura. Y empecé a caminar en este mundo con un paso más firme, con ese paso de seguridad que no conocía.


El segundo paso fue el empujón que me dio el gimnasio. En el momento en el que decidí bañarme en el gimnasio después de hacer ejercicio. En mi gimnasio no hay "privacidad", te quitas la ropa delante de tu locker y las regaderas son comunes, sin puerta y sin cortinas. Entonces me hice consiente que mi cuerpo no tiene nada de malo. Que no tengo por que esconderlo. Que es solo un cuerpo como todos los demás y que todos son hermosos por que llevan dentro un alma maravillosa. Este pequeño pero gran descubrimiento cambió tantas cosas y creencias internas y lo maravilloso, el milagro, fue que empecé a bailar mejor tango. Porque tuve y sentí por primera vez el control de mi cuerpo. Me liberé de un pudor mal entendido. Y esto me llenó aún más de seguridad, hacia quien soy y hacia mi cuerpo. Por consecuencia, disfruto mucho más muchas cosas.


Hoy veo mis fotos de niña y la verdad es que veo a una niña hermosa. Veo mis fotos de adolescente y veo la inseguridad de no sentirme bonita, creo que hasta me escondía. Veo mis fotos de adulta y me siento orgullosa de todo el camino que he caminado, de quien soy y me veo hermosa, guapa, completa.


Hoy con todo lo recorrido, sanado y avanzado, cuido mi apariencia igualmente como cuido de mi alma. Leo muchísimo respecto a la alimentación, y justo ahora estoy muy interesada en el Ayurveda; decidí hacer yoga no por estar de moda, sino por el significado profundo que tiene esta practica (si tu cuerpo esta sano, todo lo demás estará en equilibrio); decido hacer ejercicio, uno, para divertirme y dos, para darle actividad a mi cuerpo.


Sí, tengo todavia muchísimas cosas que sanar. El camino de crecimiento es un camino, yo diría, sin fin. El fin llega, cuando dejas este mundo y tu alma sigue su viaje. Hoy cuando me veo en el espejo, me veo, simplemente eso, me veo y lo hago con mucho cariño. ¿Y tu que ves, cuando te miras en el espejo?


Mi intención con este post, es poderte decir a ti que me lees: eres hermosa, eres hermoso. ¡No lo dudes nunca! Que si decides hacer ejercicio, una dieta, una cirugía plástica, lo hagas pensando primero en tu bienestar, en tu salud y no solo por cumplir los estándares de una apariencia que no existe y que no eres tú. Y para terminar algo muy importante. Como adulto cuida los comentarios que le haces a un niño. No sabes que reacción, creencia o herida puedas crear sin querer. Literalmente, si no tienes nada lindo que decirle, mejor no se lo digas y si crees necesario decirlo, hazlo con amor, con palabras que eleven su espíritu y le ayuden a su autoestima.


¡Muchísimas gracias por dejarme contarte una parte de mi historia! Y gracias de corazón por seguirme y por leerme.


Como siempre, me voy a alegrar mucho, si decides contar tu historia en los comentarios o simplemente de darle un like a este post o compartir a quien creas que le puede ayudar.


Contando mi historia,

Monserrat


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